-¡Siento mucho frío!.
-Lo sé pero no podemos parar ahora, tendrás que soportar un poco más.
-No lo voy a lograr, jamás llegaré.
-Lo prometiste, ¡No es hora de retractarse!
-Tal vez quedemos ahí los dos, pero yo no puedo, ¡necesito regresar!
-Te comprendo hijo, yo también hice hasta lo imposible por estar siempre a tu lado.
El camino parecía interminable, al cruzar la última duna de nieve se alzaba majestuosa la cima de aquel monte. Gilberth sintió alivio y tristeza al mismo tiempo; habían llegado a su destino. Escarbó con sus manos entumecidas un pequeño hueco, al tiempo que hacía una oración mientras enterraba la lata que contenía las cenizas de su padre.

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