La noche comenzaba a dar paso al alba de un nuevo día y Hanns seguía despierto.
-¡Qué noche! Nunca había disfrutado tanto, eres sensacional.
-¿De verdad te gustó? Porque será la única vez que estemos juntos.
-¿Por qué? ¿Estuve tan mal?
Un beso hizo que cerrara sus ojos y pensó -”haría lo que fuera por ti”-.
Como si hubiera pronunciado las palabras en voz alta ella le contestó:
-¿De verdad harías todo por mi? ¿Incluso darías la vida por mi?
Sorprendido por la respuesta a sus pensamientos, sintió que eran almas gemelas; haría todo para no separarse ni un minuto de ella, ¡Juntos para siempre!
-Si es verdad lo que dices, firma aquí para saber que me amas y eres sincero.
Él firmó, era un gesto infantil pero lo hacía para demostrar la sinceridad de sus palabras. Al tiempo que terminaba de firmar aquel papel se comenzó a desvanecer acompañado de una brisa fría que heló su piel. Ella comenzó a reír. Él confundido y aterrorizado sintió como una sombra gigante lo jalaba hacia un hoyo oscuro donde el erebo lo esperaba.
-¡Gracias Hanns, ayer me suicidé por desamor e hice un trato con la muerte, mi alma por la de alguien que me amara de verdad!

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