Muchas historias se cuentan en casa de los Reynosa, pero sin duda ninguna como la que los salvó de ser asaltados aquella noche. Era ya casi la madrugada del sábado, cuando vecinos alertaron que un asaltante intentaba huir saltando de casa en casa, éstos al descubrirlo, fueron tras de él dándole alcance justo una casa antes de la de los Reynosa. Al verse atrapado los vecinos interrogaron del porqué se había dejado alcanzar y no había huido por la casa Reynosa, ya que era la última de la cuadra y así hubiera alcanzado su libertad.
-¡No pude, sentí terror!
Cabe mencionar que los Reynosa tenían por mascota solo un viejo loro.
-¿Terror de qué?- preguntaron extrañados.
-Ese perro, más que perro parecía el mismo demonio encarnado en el animal, ¡Grande, negro y con ese aspecto...!
Nunca supieron de qué perro hablaba, pero no cabe duda que aquel hombre jamás regresó a hacer sus fechorías por esos rumbos.

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